Mayo 1989:
este estupendo cachorro de pastor marismeño entra a hacer parte de nuestra casa y de nuestra vida. Para algunos días nos quedamos indecisos sobre aquel nombre poner a este “copo blanco”, después, en el acariciarlo, en el mirarlo, en el tenerlo cerca, las dudas se soltan : NUBE. También se es un macho, nos parece el nombre perfecto, un nombre, proprio como él, capaz de hacer soñar.

 

Ya habíamos tenido otros perros, sin embargo NUBE era el primero de raza. A este hecho, nadie de nosotros había dado más de tanta importancia: lo cuidábamos y lo amábamos como habíamos hecho con los otros; lo dejábamos correr, husmear, cavar en el jardín y entre los árboles frutales. Era un placer y una diversión también para nosotros verlo crecer y integrarse así bien en su nueva casa.

 
Aquí está NUBE en 1994: un hermosísimo pastor marismeño, óptimo guardián de casa, fiel compañero de paseos, corsas, juegos. Yo era aficionado a él, más de los otros componentes de la familia. Casi todos los días, a mi regreso del trabajo, me cambiaba y hacía algo con él: íbamos a correr en los bosques cercanos, los dos libres como el viento; dábamos la caza a los ratónes en el garaje; hacíamos el baño, mejor, yo tentaba hacerlo a
él (algo nada fácil); lo peinaba, sobre todo en primavera, ayudandolo a eliminar el pelo invernal.
En el 1998, por trabajo,había cambiado de casa. Regresaba allí unas 3 - 4 veces al mes y por cierto, continuaba a hacer con él todo lo que siempre habíamos hecho. Después de algunos meses, pero, me había dado cuenta que algo había cambiado: NUBE estaba mucho más tranquilo en todo lo que hacía. Esta nueva vida para mi y para él siguió así hasta el comienzo de noviembre '99 y desde allí cambió para siempre. Una noche, en mi casa, mirando la Tv, había visto un programa dedicado a los animales y en particular a la vida de los perros pastores marismeños. Lo había seguido con atención, escribiendo notas, raptado en cada sentido. Desde aquella noche no habría más tenido paz. Verdades sobre la vida de estos perros fueron repentinamente a mi alcance y yo entendía que en tantos años no había visto QUIEN había tenido en mis manos. Había creído de haber hecho lo mejor, con todos mis cuidados y atenciónes: al contrario, no había entendido nada.